En marzo de 2026, la guerra entre Estados Unidos e Israel por un lado, y la República Islámica de Irán por otro, alcanza un nivel de tensión prácticamente inédito con la eliminación de uno de los personajes más influyentes del régimen iraní: Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y figura central en la cúpula de poder de la República Islámica. La muerte de Larijani no solo cierra la vida de un estratega clave, sino que reconfigura la estructura de mando iraní en plena guerra, alimenta la escalada de la violencia y pone en evidencia hasta qué punto Estados Unidos e Israel están dispuestos a ir para debilitar la capacidad de respuesta de Irán. En este escenario, la región atraviesa un momento de máxima tensión, donde la posibilidad de una guerra ampliada e incluso de un confrontación global se vuelve una preocupación concreta de los líderes internacionales.
Quién era Ali Larijani y su papel en Irán
Ali Larijani no era un funcionario cualquiera: su presencia en el aparato de seguridad y política exterior de Irán lo convertía en uno de los hombres más poderosos, incluso por encima de la imagen pública de muchos altos cargos del régimen. Como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Larijani era el encargado de coordinar la estrategia de defensa nacional, la política de seguridad, la relación con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y la respuesta a amenazas externas. La presencia de Larijani en el Consejo lo posicionaba directamente en el centro de todas las decisiones de guerra, desde la planificación de ataques, la coordinación de misiles y drones, hasta la gestión de relaciones con aliados regionales como Hezbolá, Hamás y otros grupos afines al eje iraní.
Larijani era, además, un personaje de la vieja guardia revolucionaria, con una carrera de décadas ligada a la construcción del estado chiita en Irán. Su proximidad a la élite clerical, su red de contactos y su capacidad de coordinar decisiones entre distintas facciones del régimen lo convertían en un eje de poder difícil de reemplazar. Para muchos analistas, su papel se volvió aún más decisivo después de la muerte del líder supremo Ali Khamenei, pues se le consideraba una figura destinada a liderar la transición de poder y a consolidar la continuidad del régimen bajo una nueva cúpula de mando.
Cómo se produjo la eliminación de Larijani
La eliminación de Larijani se produce en el marco de una operación de bombardeo coordinada entre Israel y Estados Unidos, ejecutada en la madrugada del 16 al 17 de marzo de 2026. La operación, descrita por informes de inteligencia y medios militares como una de las más precisas y contundentes desde el inicio de la guerra, combinó el uso de aviones de combate israelíes con el apoyo de información de inteligencia proporcionada por Estados Unidos. La Casa Blanca, mediante el programa Rewards for Justice, había ofrecido diez millones de dólares por información sobre la ubicación de Larijani, lo que reflejaba su importancia estratégica dentro de la lógica de la guerra contra Irán.
Las fuentes señalan que la objetivo de la operación era golpear a un núcleo estratégico de la jerarquía iraní, y no solo a un conductor simbólico. El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, afirmó que Larijani había sido “eliminado” en un ataque dirigido contra una de las muchas sedes de seguridad y comandos en la región de Teherán. La operación, que se extendió a otras ciudades como Shiraz y Tabriz, resultó en la muerte de comandantes de la Guardia Revolucionaria, líderes de la organización de Basij, y otros altos cargos militares. La combinación de precisión y escala de los ataques convierte a esta noche en un punto de inflexión en la dinámica del conflicto:
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Se elimina el “cerebro” de la cúpula de seguridad, encargado de la coordinación de la guerra y la respuesta a la presión de Estados Unidos e Israel.
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Se debilita la red de mando de la IRGC, reduciendo la capacidad de coordinación de las fuerzas armadas iraníes.
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Se envía un mensaje a la región de que ni las estructuras de élite iraníes están a salvo de la capacidad de inteligencia y fuerza aérea conjunta de Israel y Estados Unidos.
Reacción de Irán: duelo y desafío
La respuesta de Irán fue inmediata y visceral. El gobierno de Teherán, tras confirmar la muerte de Larijani horas después de la operación, calificó el ataque como una “agresión terrorista” y un “ataque directo a la seguridad nacional”. El Consejo Nacional de Seguridad de Irán, en una declaración oficial, denunció la “intervención descarada” de Israel y Estados Unidos, y prometió “respuesta contundente” y la “protección de la dignidad del país”. La figura de Larijani se convirtió en un símbolo de martyrio, representando para el régimen la resistencia iraní frente a lo que se percibe como una conspiración angloamericana liderada por Israel.
La muerte de Larijani también se convierte en un detonante de la movilización interna. El régimen aprovecha el discurso de la pérdida de uno de los líderes más influyentes para reforzar la narrativa de la “guerra de resistencia” y la defensa de la soberanía. La presencia de su figura en discursos públicos, la condecoración póstuma con distinciones militares, y la utilización de su memoria como símbolo de la lealtad a la república revolucionaria, contribuyen a legitimar la continuidad de la guerra y la inversión de más recursos en la defensa nacional. La sensación de vulnerabilidad de la élite y la necesidad de fortalecer el liderazgo se convierten en un incentivo para la reorganización interna y la consolidación de la cúpula sucesora.
Tensión entre Estados Unidos e Irán: el punto de quiebre
La eliminación de Larijani no es un hecho aislado; se inscribe en un contexto de escalada sin precedentes entre Estados Unidos, Israel e Irán. La guerra, que se intensificó en 2025 tras el apresamiento de la flota de la Armada de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, el ataque de Irán al embajador estadounidense en el Golfo y la respuesta de la flota de la 5.ª Escuadra de los Estados Unidos, ha dejado el escenario de la región transformado. La presencia de Irán en el Golfo, la influencia de Estados Unidos, el papel de Israel y la presencia de potencias como Rusia y China han creado un tablero de juego de alta tensión, donde cada movimiento se traduce en un riesgo de escalada.
La eliminación de Larijani exacerbó esa tensión. La presión de Estados Unidos se intensificó, con el presidente Donald Trump llamando a la OTAN y a aliados europeos a aumentar la presencia militar en el estrecho de Hormuz y en la región del Golfo. La retórica de la presidencia estadounidense se endureció, con declaraciones que hablaban de la necesidad de proteger las rutas marítimas y de evitar que Irán utilize misiles y embarcaciones de guerra para amenazar a la economía global. La respuesta de Irán fue equivalente: la presencia de la flota de la Armada de la República Islámica se concentró en el Golfo, y la preparación de misiles balísticos, drones y armas de precisión se intensificó, con el objetivo de disuadir a Estados Unidos e Israel de una intervención aún mayor.
Repercusiones en la región y el orden internacional
El impacto de la eliminación de Larijani se extiende mucho más allá de Irán. En la región, el conflicto entre Estados Unidos e Israel por un lado, e Irán y sus aliados por otro, se vio enquistado en un contexto de inestabilidad y confrontación. La presencia de misiles y drones iraníes, la capacidad de ataques cibernéticos, y la intervención de actores como Hezbolá y Hamás, generaron un escenario en el que la posibilidad de un despliegue militar ampliado se volvió una realidad palpable. La presencia de la flota de la Armada de Estados Unidos, de la fuerza aérea israelí, y de la Armada de Irán, creó una dinámica de distracción de la región, donde el Golfo Pérsico pasó a ser el epicentro de la tensión militar.
A nivel internacional, el conflicto llevó la preocupación de la comunidad global a un pico. La presencia de Rusia y China, que se han movido de forma más cautelosa, pero con el objetivo de preservar su influencia en la región y en el mercado de la energía, se convirtió en un factor clave. La Unión Europea, la ONU, y otras organizaciones internacionales llamaron a la calma, intentando evitar que la escalada se traduzca en una guerra generalizada. Sin embargo, la presencia de la OTAN y el crecimiento de la presencia militar estadounidense en la región, junto con la reacción de la OTAN y la presencia de la Armada de Estados Unidos, crearon un escenario en el que el conflicto se volvió crítico para el orden internacional.
¿Qué significa para la nueva etapa de la guerra?
La eliminación de Ali Larijani marca un punto de quiebre claro en la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. La presencia de un líder clave del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, encargado de la coordinación de la guerra, se vuelve un símbolo de la capacidad de la inteligencia y la fuerza aérea conjunta de Israel y Estados Unidos para debilitar a la élite iraní. La respuesta de Irán, la movilización interna, la consolidación de la cúpula sucesora y la intensificación de la presencia militar en el Golfo, crean un escenario donde la escalada de la guerra se vuelve previsible. La presión de Estados Unidos se intensifica, la presión de Irán se endurece, y la presión de Israel se mantiene alta, con el objetivo de aprovechar la vulnerabilidad de la élite iraní y la presencia de un liderazgo en transición.
En el futuro, el impacto de la eliminación de Larijani se traducirá en una reconfiguración de la cúpula de poder iraní, en la reorganización de la Armada de la República Islámica, y en la intensificación de la presencia militar de Estados Unidos e Israel en la región. La posibilidad de una guerra ampliada, con la presencia de otros actores como Rusia y China, se vuelve un riesgo real, que podría transformar el conflicto de Irán en un escenario de confrontación global. La presencia de la OTAN y el crecimiento de la presencia militar estadounidense en el Golfo Pérsico, y la presencia de la Armada de Irán y la flota de la Armada de la República Islámica, crean un escenario donde la tensión se mantiene a un nivel máximo. La presencia de la Armada de la República Islámica, con la presencia de la flota de la 5.ª Escuadra de Estados Unidos, y la presencia de la flota de la Armada de Estados Unidos, crean un escenario de confrontación directa, donde la presencia de misiles balísticos, drones y armas de precisión se convierte en un factor clave.
Conclusión
La eliminación de Ali Larijani por parte de Estados Unidos e Israel marca un punto de inflexión en el conflicto entre Irán y estos dos países. La presencia de un líder clave del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, encargado de la coordinación de la guerra, se convierte en un símbolo de la capacidad de la inteligencia y la fuerza aérea conjunta para debilitar la cúpula de mando iraní. La respuesta de Irán, la movilización interna, y la intensificación de la presencia militar de Estados Unidos e Israel, crean un escenario donde la tensión se mantiene a un nivel máximo, y donde la posibilidad de una guerra ampliada se vuelve una realidad palpable. La presencia de la OTAN y la presencia de otros actores internacionales, y la reconfiguración de la región, crean un escenario de confrontación que se extiende mucho más allá de Irán, y que se vuelve un punto de tensión global.